Cuando el machismo arrebata la feminidad

¡No, tápate no vayas así! Como que esa falda está muy corta ¿no? ¿Vestido? Pero en frente hay una construcción llena de hombres, ¡vas a llamar la atención! Y así podría seguir relatando miles de micro-machismos que pasan por la cabeza de muchas mujeres antes de vestir y salir a la calle. Y estos pensamientos surgen sólo por una cosa: miedo. Miedo al acoso. 

Me contaba Doña Lupita (la recepcionista en mi trabajo), que a ella le encantaba usar faldas tableadas para ir a trabajar, pero luego del acoso que sufría definitivamente optó por cortarse el cabello y vestir como hombre para pasar desapercibida.

Desde luego es un error pensar de esta manera. Es machista. Pero en serio ¿cómo no pensar en que uno podría ser insultada con piropos y silbidos al caminar por la calle? ¿Cómo no sentirse insegura? ¿Cómo no sentir acoso por esos hombres que incluso bajan la velocidad de su auto para verte caminar como si fuéramos un objeto?

El machismo de la sociedad y de estos hombres lasciviosos  sin respeto hacia los demás han ido matando poco a poco a la feminidad, la vanidad de arreglarnos y vestirnos coquetas. Decía John Flügel que las mujeres somos vanidosas por naturaleza, pero esto no quiere decir que cuando vistamos con cierto tipo de prendas queramos “provocar” o “andemos de busconas” ¡no! Nos están matando, dicen los titulares en las noticias, pero también están reprimiendo nuestra feminidad. Atentando contra nuestra vanidad.

Cuando salimos a las calles más de una deseamos con todas nuestras fuerzas poder pasar desapercibidas, incluso parecer un hombre (un machote). Escondemos nuestra figura femenina y caminamos con miedo porque no queremos ser levantadas, raptadas, ser víctimas de feminicidios.

El machismo nos está matando, acosando y orillando a esconder nuestra belleza. Pero al modo que Harriet Tubman dijo: “Si estas cansada, sigue adelante. Si tienes miedo, sigue adelante. Si tienes hambre sigue adelantes. Si quieres probar la libertad, sigue adelante. Así que, sigamos adelante con nuestra lucha por ser libres. Seamos feministas.  

Ensalcemos nuestra belleza femenina de la forma que mejor nos parezca. Sigamos utilizando tacones, blusas escotadas, faldas, vestidos y llevemos el cabello suelto si nos gusta. Recordemos que el respeto va más allá del largo de una falda o de la profundidad de un escote. Luchemos por nuestra libertad.

Yo no quiero ser valiente, quiero ser libre.

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